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Publicaciones IPCC

 


 

COMUNIDAD INTERNACIONAL Y NACIONAL  FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO

Convenios Internacionales – UNFCCC, IPCC, RIO+20

Cuando la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano celebrada en Estocolmo en 1972, tomó nota de las alertas sobre la incidencia de la actividad humana en la dinámica del clima, arrancó un proceso de negociación a nivel de la comunidad internacional que perdura hasta la actualidad. En estas décadas, el debate internacional ha avanzado lenta pero sostenidamente en numerosos foros con la participación de multitud de científicos, expertos, diplomáticos y políticos, así como de múltiples entidades públicas y privadas.

 

Ciñéndonos exclusivamente a las reuniones oficiales de negociación que han tenido lugar desde que la Asamblea General de Naciones Unidas inició, en 1990, el proceso para la elaboración de una convención sobre cambio climático, y sin contar con las reuniones de foros científicos dedicados a esta materia, sólo en los últimos 15 años se han celebrado 11 sesiones del Comité de Negociación Intergubernamental; ocho sesiones del Grupo Especial del Mandato de Berlín; 14 Conferencias de las Partes (COP) y 21 sesiones de sus Órganos Subsidiarios.

 

Fruto de este esfuerzo han surgido nuevas instituciones, se han adoptado dos tratados multilaterales y un complejo entramado de decisiones y directrices. Paralelamente, a escala regional y nacional, se ha desarrollado un notable acervo legislativo, acompañado de un número no menor de programas, planes y medidas, que, junto a nuevos órganos e instrumentos, han ido diseñándose para ir aplicando las más de 130 Decisiones adoptadas hasta la fecha, por la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC).

 

La Convención de Cambio Climático fue adoptada en Nueva York el 9 de mayo de 1992 y quedó abierta a la firma en la Cumbre de Río de 1992, donde 155 países la suscribieron. Entró en vigor el 21 de marzo de 1994 y ha sido ratificada por 189 Estados y la Comunidad Europea.

 

El llamado objetivo último de la Convención, extensible a todo instrumento jurídico conexo que adopte la Conferencia de las Partes (COP), es «lograr la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas en el sistema climático. Este nivel debería lograrse en un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de manera sostenible ». Como se puede observar, por tratarse de un objetivo expresado en términos cualitativos, la ausencia de metas cuantitativas ha sido la causa de muchas de las divergencias y el fundamento de gran parte de los debates.

 

Cuando la COP, tras la entrada en vigor de la Convención, se reunió por vez primera en Berlín el 28 de marzo de 1995, acordó iniciar un proceso que incluyese el reforzamiento de los compromisos, mediante la adopción de un Protocolo.

 

Cuatro meses después se reunió el denominado Grupo Especial del Mandato de Berlín (GEMB), de composición abierta a todas las Partes de la Convención. Sus trabajos se desarrollarían durante dos años y darían como resultado el Protocolo de Kyoto adoptado en la COP3 en 1997.

 

El protocolo de Kioto, es un acuerdo internacional para reducir las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero que inciden en el cambio climático. Estipula que los 39 países desarrollados se comprometen a reducir sus emisiones en un 5,2% de media respecto a los niveles de 1990 y 1995, entre el 2008 y el 2010.

 

El acuerdo afecta a seis gases, dióxido de carbono, metano, óxido nitroso, hidrofluorocarbono, perfluorocarbonos y hexafluoruro de carbono, y las cuotas fijadas para cada país contemplan una reducción del 8% para los 15 miembros de la Unión Europea, Suiza y varios países europeos; del 7% para EE UU y Canadá, y del 6% para Japón. Rusia, Nueva Zelanda y Ucrania quedan obligados a estabilizar sus emisiones en igual plazo. Australia puede aumentar hasta un 8%, Noruega un 5% e Islandia un 10%. La  reducción global para la UE se distribuye entre sus miembros, de manera que algunos como España tendrían derecho a aumentar sus emisiones (Rivera, A).

 

Estos informes contienen tanto las proyecciones del cambio climático global y sus causas, y las consecuencias del calentamiento global. En 1990, 1992 y 1996 El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (Intergovernmental Panel on Climate Change - IPPC) escribió los Informes Especiales sobre Escenarios de emisiones (Special Reports on Emission Scenarios -SRES), que contienen proyecciones posible sobre climas futuros.

 

Los escenarios de emisiones son un componente central de cualquier evaluación del cambio climático. Estos informes contienen cuatro escenarios diferentes (ver figura) incluyendo su impacto estimado en el clima. Los escenarios de emisiones se basan en la evaluación de una posible estrategia de mitigación y políticas para la prevención del cambio climático. Dos escenarios enfatizan en riqueza material y los otros dos en sostenibilidad y equidad. Adicionalmente, dos escenarios enfatizan en globalización y dos en regionalización. Esto proporciona a la IPCC la siguiente combinación y numero original:

 

A1: globalización, énfasis en riqueza humana

Globalizado, intensivo (fuerzas del mercado)


A2: regionalización, énfasis en riqueza humana

Regional, intensivo (golpeo de civilizaciones)


B1: globalización, énfasis en sostenibilidad y equidad

Globalizado, intensivo (desarrollo sostenible)


B2: regionalización, enfasis en sostenibilidad y equidad

Regional, extensivo (bolsa verde mezcla)

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Escenarios de emisiones (Special Reports on Emission Scenarios -SRES).

 

En 1990 y 1992, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) desarrolló varios escenarios de emisiones a largo plazo. Esos escenarios se han utilizado profundamente para el análisis de un posible cambio climático, de sus repercusiones y de las opciones para mitigar dicho cambio. En 1995 se evaluaron los escenarios del IPCC de 1992. En dicha evaluación se recomendó tener en cuenta los importantes cambios habidos (desde 1992) en cuanto a la comprensión tanto de las fuerzas que rigen las emisiones como de las metodologías. Estos cambios conciernen, por ejemplo, a la intensidad en carbono del suministro de energía, a la desigualdad de ingresos entre los países desarrollados y los países en desarrollo, y a las emisiones

de azufre. En consecuencia, en su reunión plenaria de 1996 el IPCC decidió desarrollar un nuevo conjunto de escenarios. Estos nuevos escenarios están basados en una extensa evaluación de las fuerzas determinantes y de los tipos de emisiones descritos en los estudios publicados, en una serie de enfoques alternativos para elaborar los modelos, y en un proceso abierto  que recaba la participación de muchos y la formulación de observaciones.

 

Para describir de manera coherente las relaciones entre las fuerzas determinantes de las emisiones y su evolución, y para añadir un contexto a la cuantificación de los escenarios, se desarrollaron cuatro líneas evolutivas diferentes. Cada una de ellas representa un cambio (o tendencia) demográfico, social, económico, tecnológico y medioambiental, que algunos pueden valorar positivamente, y otros, negativamente.

Los escenarios abarcan un gran número de las principales fuerzas determinantes demográficas, económicas y tecnológicas de las emisiones de GEI y de dióxido de azufre[1] , y son representativos de los trabajos publicados. Cada escenario representa una interpretación cuantitativa específica de una de las cuatro líneas evolutivas. El conjunto de escenarios basados en una misma línea evolutiva constituye una “familia” de escenarios.

 

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Principales características de las cuatro líneas evolutivas y familias de escenarios.


El conjunto de escenarios se compone de seis grupos de escenarios tomados de las cuatro familias: un grupo de cada una de las familias A1, B1 y B2, y tres grupos de la familia A1, que caracterizan el desarrollo alternativo de tecnologías de energía: A1FI (utilización intensiva de combustibles de origen fósil), A1B (equilibrado) y A1T (predominantemente con combustibles no de origen fósil). Dentro de cada familia y grupo de escenarios, algunos de ellos comparten supuestos “armonizados” sobre la población mundial, el producto interior bruto y la energía final. Éstos están marcados con los grupos de letras “HS”, en el caso de los escenarios armonizados, y con “OS” para los escenarios que exploran las incertidumbres asociadas a las fuerzas determinantes más allá de los escenarios armonizados. Se indica también el número de escenarios desarrollados en cada categoría. Para cada uno de los seis grupos de escenarios se ofrece un escenario ilustrativo (que será siempre armonizado). Se obtiene un total de seis escenarios ilustrativos de todos los grupos de escenarios.

 

Dentro de cada familia, se han desarrollado dos clases principales de escenarios: unos, basados en supuestos armonizados sobre la población mundial, el crecimiento económico y el uso final de la energía, y otros basados en una cuantificación alternativa de la línea evolutiva.

 

La línea evolutiva y familia de escenarios A1 describe un mundo futuro con un rápido crecimiento económico, una población mundial que alcanza su valor máximo hacia mediados del siglo y disminuye posteriormente, y una rápida introducción de tecnologías nuevas y más eficientes. Sus características distintivas más importantes son la convergencia entre regiones, la creación de capacidad y el aumento de las interacciones culturales y sociales, acompañadas de una notable reducción de las diferencias regionales en cuanto a ingresos por habitante. La familia de escenarios A1 se desarrolla en tres grupos que describen direcciones alternativas del cambio tecnológico en el sistema de energía. Los tres grupos A1 se diferencian en su orientación tecnológica: utilización intensiva de combustibles de origen fósil (A1FI), utilización de fuentes de energía no de origen fósil (A1T), o utilización equilibrada de todo tipo de fuentes (A1B).

 

La familia de líneas evolutivas y escenarios A2 describe un mundo muy heterogéneo. Sus características más distintivas son la autosuficiencia  y la conservación de las identidades locales. Las pautas de fertilidad en el conjunto de las regiones convergen muy lentamente, con lo que se obtiene una población mundial en continuo crecimiento. El desarrollo económico está orientado básicamente a las regiones, y el crecimiento económico por habitante así como el cambio tecnológico están más fragmentados y son más lentos que en otras líneas evolutivas.

 

La familia de líneas evolutivas y escenarios B1 describe un mundo convergente con una misma población mundial que alcanza un máximo hacia mediados del siglo y desciende posteriormente, como en la línea evolutiva A1, pero con rápidos cambios de las estructuras económicas orientados a una economía de servicios y de información, acompañados de una utilización menos intensiva de los materiales y de la introducción de tecnologías limpias con un aprovechamiento eficaz de los recursos. En ella se da preponderancia a las soluciones de orden mundial encaminadas a la sostenibilidad económica, social y medioambiental, así como a una mayor igualdad, pero en ausencia de iniciativas adicionales en relación con el clima.

 

La familia de líneas evolutivas y escenarios B2 describe un mundo en el que predominan las soluciones locales a la sostenibilidad económica, social y medioambiental. Es un mundo cuya población aumenta progresivamente a un ritmo menor que en A2, con unos niveles de desarrollo económico intermedios, y con un cambio tecnológico menos rápido y más diverso que en las líneas evolutivas B1 y A1. Aunque este escenario está también orientado a la protección del medio ambiente y a la igualdad social, se centra principalmente en los niveles local y regional.



[1] Se incluyen las emisiones antropógenas de dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC), hexafluoruro de azufre (SF6), hidroclorofluorocarbonos (HCFC), clorofluorocarbonos (CFC), el precursor de  aerosoles y los gases químicamente activos dióxido de azufre, (SO2), monóxido de carbono (CO), óxidos de nitrógeno (NOx), y compuestos orgánicos volátiles distintos del metano (COVDM). Las emisiones se exponen totalizadas para cuatro regiones del mundo y por totales mundiales. En los nuevos escenarios se ha supuesto la ausencia de efecto recíproco (feedback) del cambio climático futuro sobre las emisiones de la biosfera o sobre la energía.

 

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